Tips para cuidar el aire acondicionado y evitar averías cuando más lo necesitas

Que el aire acondicionado deje de funcionar en pleno verano es uno de esos problemas que nadie quiere encontrarse. Y muchas veces no ocurre de repente. La falta de limpieza, el desgaste de algunos componentes o pequeños fallos que se van acumulando con el tiempo pueden acabar provocando una avería cuando el equipo está trabajando a pleno rendimiento.

Mantenerlo en buenas condiciones no requiere estar pendiente del aparato constantemente. Hay algunas tareas sencillas que se pueden hacer en casa y otras que conviene dejar en manos de un profesional. Conocer la diferencia y prestar atención a cómo funciona el equipo puede ayudar a evitar problemas y, sobre todo, a no esperar hasta que deje de enfriar para ocuparse de él.

La importancia de que funcione bien y mantenga una buena calidad del aire

 

Tal y como recuerdan los profesionales de Instalaciones AC, la climatización tiene un papel muy importante en el confort de la vivienda durante buena parte del año. No obstante, para que ese confort se mantenga, el equipo debe funcionar correctamente y estar en unas condiciones adecuadas.

Esto también tiene una relación directa con la calidad del aire interior. El aire acondicionado recircula continuamente el aire de las estancias, por lo que un sistema que no se mantiene correctamente puede contribuir a que circulen polvo, partículas y malos olores. En personas con alergias o sensibilidad respiratoria, un ambiente interior con una peor calidad del aire puede resultar especialmente molesto y favorecer síntomas como irritación, congestión o estornudos. De ahí que el cuidado del aparato no sea únicamente una cuestión de consumo o de evitar averías, sino también de mantener un ambiente interior más saludable.

Lo que puedes hacer tú mismo, sin necesidad de un técnico

 

Hay varias tareas sencillas que el propio usuario puede incorporar a su rutina, especialmente durante los meses de mayor uso. Aunque parecen pequeños gestos, ayudan a mantener el equipo en mejores condiciones, favorecen su rendimiento y permiten detectar antes posibles problemas.

Limpiar o sustituir los filtros de aire con regularidad. Es, probablemente, la tarea más importante que puede realizar el usuario por su cuenta. Los filtros acumulan polvo y partículas con el uso, por lo que conviene revisarlos periódicamente y limpiarlos siguiendo las indicaciones del fabricante. Durante las épocas de uso intensivo, como el verano, esta revisión puede hacerse cada dos o cuatro semanas, aunque la frecuencia dependerá del uso del aparato y de las condiciones de la vivienda. Unos filtros demasiado sucios pueden dificultar la circulación del aire y hacer que el equipo tenga que trabajar más para conseguir la temperatura deseada.

Limpiar superficialmente la unidad interior. La carcasa, las rejillas y las zonas exteriores de la unidad interior también acumulan polvo con el paso del tiempo. Pasar un paño ligeramente húmedo por estas superficies ayuda a mantenerlas limpias y evita que esa suciedad se acumule alrededor de las zonas por las que circula el aire. Eso sí, siempre debe hacerse con el aparato apagado y sin introducir agua ni productos de limpieza en el interior del equipo.

Revisar el desagüe si es accesible. Si la instalación permite comprobarlo fácilmente, conviene prestar atención a la zona por la que se evacúa el agua de condensación. Una obstrucción puede provocar goteos o pequeñas fugas de agua, especialmente en la unidad interior. No es necesario desmontar ninguna pieza: basta con comprobar visualmente si existe alguna acumulación de suciedad, humedad anormal o agua donde no debería haberla. Si el problema persiste, lo recomendable es que la revisión la haga un técnico.

Estar atento a ruidos o malos olores anómalos. El propio funcionamiento del aparato puede dar pistas de que algo ha cambiado. Un ruido que antes no estaba, una vibración excesiva, un olor desagradable al encenderlo o una pérdida evidente de capacidad para enfriar son señales que conviene tener en cuenta. No siempre significan una avería importante, pero sí justifican una revisión si persisten después de las comprobaciones básicas, como la limpieza de los filtros.

Mantener limpia la unidad exterior. La unidad exterior está más expuesta al polvo, hojas, suciedad ambiental y otros elementos que pueden acabar acumulándose en sus rejillas. Mantener despejado su alrededor y retirar la suciedad visible ayuda a que pueda expulsar el calor correctamente. En zonas costeras, además, el salitre puede favorecer la acumulación de residuos y la corrosión. Si se quiere limpiar con agua, debe hacerse únicamente de la forma que permita el fabricante y sin utilizar agua a presión ni manipular componentes eléctricos. Cuando la suciedad está en el interior o resulta difícil acceder a ella, es mejor dejar esta tarea en manos de un profesional.

Lo que sí o sí necesita un técnico autorizado

 

Hay determinadas tareas que no deberían realizarse por cuenta propia y que tienen que quedar en manos de un profesional habilitado. Es el caso de las intervenciones relacionadas con el circuito frigorífico y el refrigerante, como comprobar o ajustar su carga, localizar posibles fugas o realizar reparaciones. También requieren conocimientos y herramientas específicas las revisiones de los componentes eléctricos y las labores de mantenimiento que implican acceder al interior del equipo.

No se trata simplemente de saber cómo desmontar una pieza. Los sistemas de climatización utilizan componentes eléctricos y refrigerantes que deben manipularse siguiendo unos procedimientos concretos y, además, están sujetos a requisitos establecidos por la normativa sobre gases fluorados. Por eso, cuando el mantenimiento va más allá de las tareas básicas que puede hacer el usuario, lo más seguro es recurrir a un técnico autorizado.

Intentar solucionar por cuenta propia una fuga, manipular el circuito de refrigerante o intervenir en la instalación eléctrica puede suponer un riesgo tanto para la persona como para el propio aparato. Una revisión profesional permite, además, detectar problemas que no siempre son visibles a simple vista y evitar que una pequeña incidencia termine convirtiéndose en una avería más costosa.

Lo que exige la normativa: el RITE

 

El mantenimiento de los equipos de climatización en España está regulado de forma específica por el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), aprobado mediante el Real Decreto 1027/2007. Esta normativa establece que el propietario o usuario de la instalación es responsable de cumplir con sus disposiciones desde el momento en que el equipo entra en funcionamiento, lo que incluye contratar el mantenimiento con una empresa habilitada cuando así lo exija la potencia de la instalación, así como conservar la documentación de todas las intervenciones realizadas.

En instalaciones con una potencia útil de entre 5 y 70 kW, una franja en la que entran muchos equipos de mayor tamaño y determinadas instalaciones comerciales, el RITE establece determinadas obligaciones de mantenimiento que deben llevarse a cabo por empresas habilitadas. En estos casos, contar con un profesional no es solo una cuestión de prevención, sino también de cumplir con las exigencias que establece la normativa.

En los equipos domésticos de menor potencia, las obligaciones pueden ser diferentes, pero eso no significa que las revisiones profesionales carezcan de importancia. Aunque el usuario pueda encargarse de tareas sencillas como la limpieza de los filtros, una revisión periódica permite comprobar aspectos que no son visibles desde el exterior y detectar posibles problemas antes de que afecten al funcionamiento del aparato. La frecuencia dependerá del tipo de instalación, su potencia y el uso que tenga.

Un aparato bien cuidado también ahorra dinero en la factura

 

El mantenimiento del aire acondicionado no solo influye en su durabilidad, sino también en el consumo eléctrico que genera cada temporada. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) recomienda mantener el termostato entre 24 y 26 grados centígrados durante el verano, señalando que cada grado que se reduce por debajo de ese rango puede incrementar el consumo energético del equipo entre un 6% y un 8% adicional. Un equipo con los filtros sucios o con los componentes internos llenos de suciedad necesita trabajar durante más tiempo para alcanzar esa misma temperatura, lo que se traduce directamente en un mayor gasto eléctrico, incluso aunque se respeten estas recomendaciones de temperatura.

Dicho de otro modo: un aire acondicionado bien mantenido no solo dura más años y sufre menos averías, sino que además resulta más barato de utilizar mes a mes, precisamente porque no tiene que esforzarse de más para compensar la suciedad o el desgaste acumulado.

Señales de que el equipo necesita una revisión cuanto antes

 

Aunque el mantenimiento preventivo es la mejor estrategia, también queremos explicarte cómo reconocer cuándo el propio aparato está dando pistas de que algo no funciona como debería. Algunas señales pueden parecer menores al principio, pero prestarles atención permite actuar antes de que el problema termine afectando a otros componentes del equipo.

  • El aire que sale del equipo ya no está tan frío como debería.Si el aparato está correctamente configurado pero la estancia tarda cada vez más en refrescarse, puede existir algún problema que convenga revisar. Una pérdida de rendimiento mantenida en el tiempo no debería considerarse normal simplemente porque el equipo todavía sigue funcionando.
  • Aparecen ruidos nuevos o vibraciones.Chirridos, golpeteos, traqueteos o vibraciones que antes no estaban pueden indicar que alguna pieza se ha desplazado, está desgastada o no funciona correctamente. También es importante distinguir estos sonidos de los ruidos habituales del propio funcionamiento del aparato.
  • Se producen malos olores al encenderlo.Un olor desagradable que aparece de forma recurrente puede estar relacionado con la humedad o con la suciedad acumulada en determinadas zonas del sistema. Si persiste después de las tareas básicas de limpieza, lo recomendable es que un profesional compruebe el origen.
  • El equipo tarda mucho más de lo habitual en alcanzar la temperatura programada.Que un aparato necesite más tiempo para conseguir la temperatura deseada puede ser otra señal de pérdida de rendimiento. Si esta situación se mantiene aunque las condiciones de uso sean las mismas, merece la pena revisar el equipo.
  • Aparecen goteos de agua en la unidad interior.La presencia de agua donde no debería haberla es una señal que no conviene ignorar. Puede estar relacionada con problemas en la evacuación del agua de condensación, aunque existen otras posibles causas que deben determinarse antes de intervenir.
  • La factura eléctrica aumenta sin que haya cambiado el uso habitual.Un incremento llamativo del consumo puede tener muchos motivos, pero si coincide con un peor rendimiento del aire acondicionado, conviene comprobar que el equipo no esté trabajando más de lo necesario para conseguir el mismo resultado.

No todas estas señales significan necesariamente que exista una avería grave. Sin embargo, cuando aparecen de forma persistente o varias coinciden al mismo tiempo, es preferible solicitar una revisión en lugar de esperar a que el aparato deje de funcionar por completo. Detectar un problema en sus primeras fases suele facilitar la solución y evitar daños en otros componentes.

Usarlo bien también ayuda a conservar el equipo

 

El mantenimiento no es lo único que influye en la vida útil del aire acondicionado. La forma en la que se utiliza también puede hacer que el equipo trabaje más o menos de lo necesario. Uno de los errores más habituales es establecer temperaturas demasiado bajas en verano pensando que la vivienda se enfriará antes. Sin embargo, esto no hace que el aparato enfríe más rápido y sí puede aumentar el tiempo que permanece funcionando y, por tanto, el consumo.

También es recomendable evitar cambios constantes de temperatura. Encender y apagar el equipo continuamente o modificar varios grados el termostato cada poco tiempo obliga al sistema a adaptarse de manera repetida a las nuevas condiciones. Siempre que sea posible, resulta más eficiente mantener una temperatura estable y razonable, especialmente cuando el aparato va a permanecer encendido durante varias horas.

Otro aspecto que suele pasarse por alto es la exposición directa al sol. Bajar persianas, utilizar toldos o cerrar las cortinas durante las horas de mayor radiación puede reducir la cantidad de calor que entra en la vivienda. De esta manera, el aire acondicionado no tiene que compensar continuamente el calor exterior y puede alcanzar la temperatura deseada con menos esfuerzo.

Por último, conviene utilizar las funciones del equipo de acuerdo con las necesidades reales de cada momento. El modo automático, la programación horaria o el apagado cuando no hay nadie en casa pueden evitar horas de funcionamiento innecesarias. Son pequeños cambios en el uso diario que, mantenidos durante toda la temporada, pueden contribuir tanto a controlar el consumo como a reducir el desgaste del aparato.

Cuidar el equipo hoy para que funcione cuando más lo necesites

 

El mantenimiento del aire acondicionado no debería empezar cuando aparece una avería. Limpiar los elementos que puede mantener el propio usuario, prestar atención a cualquier cambio en el funcionamiento y recurrir a un profesional cuando sea necesario permite llevar un mejor control del estado del equipo durante todo el año.

Además, no todas las tareas tienen que hacerse con la misma frecuencia ni requieren el mismo nivel de intervención. Las comprobaciones sencillas pueden formar parte de la rutina habitual, mientras que las revisiones del circuito frigorífico, los componentes eléctricos y otros elementos que requieren conocimientos específicos deben quedar en manos de personal cualificado.

Con esta combinación de cuidados básicos y mantenimiento profesional, es más fácil conservar el rendimiento del aparato, detectar posibles problemas con antelación y evitar encontrarse con una avería precisamente cuando más se necesita el aire acondicionado: durante los días de mayor calor o en los periodos más fríos del año.

 

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