Crisis del Diagnóstico: diferencias entre Alergia, Celiaquía e Intolerancia

Parece que, en la última década, los trastornos relacionados con la alimentación y la digestión se han disparado. A partir de síntomas recurrentes, a menudo vagos e inespecíficos (como hinchazón, dolor abdominal, fatiga o alteraciones cutáneas), la medicina primaria se enfocó en buscar la causa real del síntoma, que suele actuar como un velo o pequeña advertencia sobre un problema de mayor gravedad. La dificultad radica en que, muchas de estas advertencias se pueden identificar tanto para una alergia alimentaria, una enfermedad celíaca o una intolerancia alimentaria.

La confusión diagnóstica es un desafío sanitario creciente. La falta de claridad lleva a dietas de exclusión autoimpuestas que, en ocasiones, no solo son ineficaces, sino que pueden conducir a deficiencias nutricionales innecesarias. Según un informe de Aegon sobre salud y estilo de vida, en España el 43% de la población ha dejado de consumir determinados alimentos. Incluso un porcentaje significativo de esa población lo hace por decisión propia, sin justificación médica, tan solo por asumir una intolerancia o alergia sin diagnóstico clínico. Una práctica que subraya la necesidad urgente de un diagnóstico diferencial preciso.

La distinción clínica es fundamental, ya que estas tres entidades tienen mecanismos biológicos, pronósticos y, lo más importante, tratamientos completamente distintos. Profundizar en sus diferencias, sus pruebas diagnósticas y la necesidad de un enfoque metódico es clave para recuperar la calidad de vida.

 

Un laberinto sintomático: por qué la confusión es la regla

La dificultad para realizar un diagnóstico diferencial se da a partir de la naturaleza inespecífica de los síntomas. Un dolor abdominal puede ser señal de una úlcera, una enfermedad inflamatoria intestinal, un síndrome de intestino irritable (SII), o cualquiera de las tres patologías relacionadas con la alimentación.

El problema se agrava cuando consideramos que los síntomas de la celiaquía y las intolerancias (como la intestinal o la histaminosis) son sistémicos y pueden manifestarse como:

  • Síntomas digestivos: Hinchazón, gases, diarrea o estreñimiento, dolor abdominal.
  • Síntomas extradigestivos: Cefaleas, fatiga crónica, dolores articulares, alteraciones del ánimo, problemas dermatológicos (eccemas o dermatitis).

En la medicina primaria, sin las herramientas adecuadas o la formación especializada en inmunonutrición, estos síntomas suelen llevar a diagnósticos de exclusión o a tratamientos para el alivio sintomático, sin abordar la raíz del problema. Por ello, para identificar la causa real, se debe ir más allá de los síntomas y analizar el mecanismo biológico implicado.

 

Alergia alimentaria: la reacción inmunomediada (IgE)

La alergia alimentaria es la más grave y, paradójicamente, la más fácil de distinguir desde una perspectiva mecanicista. Al tratarse de una respuesta inmunomediada de tipo I (inmediata), el sistema inmunológico reacciona de forma exagerada a una proteína del alimento que identifica erróneamente como una amenaza.

Mecanismo y clínica

El actor principal en la alergia es la Inmunoglobulina E (IgE). Tras la primera exposición (sensibilización), el cuerpo produce anticuerpos IgE específicos contra la proteína del alimento. En exposiciones posteriores, la IgE activa los mastocitos y basófilos, liberando histamina y otros mediadores químicos.

  • Velocidad de reacción: Según lo señalado por CQS Salud, los síntomas son rápidos e inmediatos, apareciendo minutos u horas después de la ingesta.
  • Gravedad: Puede ir desde síntomas leves (urticaria, picor en la boca, vómitos) hasta reacciones graves y potencialmente mortales como el shock anafiláctico (dificultad respiratoria, caída de la presión arterial).
  • Dosis: Incluso una cantidad ínfima («trazas») puede desencadenar una reacción severa.

Diagnóstico estándar

El diagnóstico de la alergia se realiza mediante pruebas que buscan la sensibilización IgE:

  1. Prueba de punción cutánea (Prick Test): Introduce una pequeña cantidad de alérgeno en la piel.
  2. Análisis de IgE específica en sangre: Mide la cantidad de anticuerpos IgE contra alérgenos específicos.

 

Enfermedad celíaca: el trastorno autoinmune sistémico

La enfermedad celíaca (EC) es un trastorno genético, crónico y autoinmune que afecta a personas predispuestas. Aunque se desencadena por la ingesta de gluten (proteínas que se encuentran en el trigo, cebada y centeno), su mecanismo es completamente diferente al de una alergia o una simple intolerancia. Es crucial recalcar que, a partir del consenso médico, la celiaquía no es una intolerancia al gluten, sino una enfermedad autoinmune.

Mecanismo y clínica

En un paciente celíaco, el sistema inmune ataca por error a los propios tejidos del intestino delgado cuando el gluten está presente. Esta reacción provoca una inflamación y un aplanamiento progresivo de las vellosidades intestinales (atrofia vellositaria), que son las encargadas de la absorción de nutrientes.

Al tratarse de una enfermedad crónica, la velocidad con la que aparecen los síntomas puede ser gradual o tardía, tardando incluso años en manifestarse completamente.

El problema no es solo la sintomatología digestiva, sino que su mayor gravedad radica en la malabsorción de nutrientes, lo que puede conllevar un mayor riesgo de contraer otras enfermedades autoinmunes.

Para un diagnóstico concluyente, se requiere una combinación de factores tales como:

    1. Serología: Detección de anticuerpos específicos en sangre (Anticuerpos Anti-Transglutaminasa Tisular, Anti-Endomisio).
    2. Biopsia intestinal: Mediante endoscopia, se confirma la atrofia de las vellosidades.
    3. Base genética: Presencia de los genes de riesgo (HLA-DQ2/DQ8).

La retirada del gluten sin diagnóstico previo puede alterar la serología y la biopsia, haciendo imposible la confirmación de la enfermedad, de ahí la necesidad de un diagnóstico médico riguroso.

Intolerancia alimentaria y el problema del diagnóstico por exclusión

El término intolerancia alimentaria abarca reacciones adversas a los alimentos que no involucran al sistema inmunológico IgE ni son autoinmunes. Son el grupo más heterogéneo y el que genera mayor confusión en la consulta, siendo generalmente el resultado de un fallo metabólico o un déficit enzimático (como la intolerancia a la lactosa por deficiencia de lactasa). Esta falla hace que el alimento pase sin digerir al intestino grueso, donde es fermentado por la flora bacteriana, produciendo gases e inflamación. Como sus síntomas suelen ser lentos, reconocerlo por diagnóstico dependerá de la dosis y de comprender que los efectos pueden tardar horas o incluso un día en aparecer.

El desafío de la sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC)

La Sensibilidad al Gluten No Celíaca (SGNC), o intolerancia al gluten, puede ser el más desafiante para diagnosticar. Presenta síntomas al consumir gluten, y mejoran al retirarlo, pero no cumple los criterios serológicos ni histológicos de la celiaquía, ni tampoco los de la alergia al trigo.

Como explican desde Clilab, el diagnóstico de la SGNC es un diagnóstico de exclusión. La dificultad radica en el orden y la precisión para descartar las demás causas antes de llegar a esta conclusión. Las pruebas más validadas para este grupo son los Tests de Aliento con Sustratos (para lactosa, fructosa, SIBO, etc.) y la analítica especializada para otras intolerancias.

Riesgos y necesidad de rigor clínico

Ante la complejidad de este diagnóstico diferencial, la medicina debe ser metódica y rigurosa. Como señala Elsevier en sus artículos, es imperativo utilizar únicamente pruebas validadas, descartando tests de diagnóstico no científicos que promueven dietas restrictivas sin justificación clínica. No se debe utilizar la dieta de exclusión como una prevención, sino como una solución, luego del diagnóstico. Como subraya el equipo de nutrición de Alyansalud, el diagnóstico correcto es la única vía para el tratamiento y la recuperación. Únicamente con pruebas clínicas validadas, como los tests de aliento o la analítica funcional específica, se puede ofrecer una dieta de exclusión que sea efectiva. Solo un diagnóstico especializado y multidisciplinar puede evitar la peligrosa tendencia a la restricción dietética autoimpuesta.

 

Consecuencias de la dieta restrictiva sin diagnóstico

El mayor riesgo del actual laberinto sintomático no es el síntoma en sí, sino la respuesta del paciente que se autoimpone una dieta restrictiva sin tener diagnóstico profesional.

Una dieta de exclusión sin base clínica tiene graves consecuencias, como:

  • Riesgo nutricional: la eliminación de grupos de alimentos enteros (lácteos, cereales con gluten) sin supervisión profesional puede llevar a déficits de calcio, vitamina D, vitaminas del grupo B o fibra, afectando la salud ósea y metabólica. La malnutrición secundaria a la autodieta puede ser tan perjudicial como la enfermedad original.
  • Dificultad diagnóstica futura: Para diagnosticar la celiaquía o una alergia IgE, el paciente debe estar consumiendo el alimento problema. Si el paciente ya lo ha excluido por su cuenta, las pruebas serológicas pueden dar falsos negativos, cerrando la puerta a un diagnóstico definitivo.
  • Trastornos psicosociales: Mantener una dieta muy estricta sin necesidad genera ansiedad, estrés social y puede afectar severamente la calidad de vida, llevando a la exclusión social o al desarrollo de ortorexia.

La medicina moderna tiene el deber de educar al paciente sobre la importancia de la consulta especializada. Solo un profesional puede guiar el proceso de reintroducción de alimentos o la implementación de una dieta de eliminación que sea segura, científicamente justificada y temporal.

 

La necesidad de la especialización clínica

La diferenciación entre alergias, celiaquía e intolerancias alimentarias es uno de los desafíos diagnósticos más acuciantes de la medicina actual. La complejidad radica en la superposición de síntomas y la diferencia fundamental en sus mecanismos biológicos: inmunomediado inmediato (alergia IgE), autoinmune (celiaquía) y metabólico/enzimático (intolerancia).

El camino hacia la recuperación pasa por el rigor en el diagnóstico diferencial. La medicina primaria debe priorizar el descarte de las patologías más graves (alergia y celiaquía) y derivar los casos complejos a especialistas que cuenten con las herramientas validadas para las intolerancias. Este enfoque garantiza que cada paciente reciba una evaluación exhaustiva y un tratamiento nutricional basado en evidencia científica.

Solo con un diagnóstico preciso se puede evitar la peligrosa tendencia a la restricción dietética innecesaria, permitiendo que el paciente siga una dieta que no solo alivie sus síntomas, sino que garantice su bienestar nutricional y su calidad de vida a largo plazo.

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